investigación visual y educación artística

Educar es construir paisajes a través del arte

El ser humano se desarrolla en plenitud, insertado en un entorno, en un paisaje, independientemente de las características y la configuración de este paisaje, la constitución de un ser humano en el espacio vacío, es inconcebible, puesto que el mismo vacío acaba por constituir un paisaje en si mismo, el paisaje de la nada.

No tanto el paisaje de la soledad, que necesita referentes en contraposición para generar la sensación de soledad. Frente a ellos, el paisaje de la nada o el vacío, se materializa, se hace palpable en la imaginación, que es la encargada de construir experiencias venideras, reconstruir experiencias pasadas, o crear experiencias que solamente se encuentran en el ámbito de la fantasía, pero que son tan tangibles y reales como las otras dos. En la medida en que los paisajes son construidos desde el pensamiento puro, se avanzan al futuro, crean algo nuevo, materializan la libertad.

Bajo el influjo de un espacio, de un paisaje, el hombre es capaz de reencontrar el referente de su existencia, y de su propia identidad personal, de su existencia individual, existimos en función de un paisaje y por un paisaje. Somos parte del paisaje y a través de él nos reencontramos con nuestro propio ser interior.

El arte es el gran constructor de paisajes por excelencia, en nuestra existencia, nos enfrentamos a múltiples paisajes vitales, anclados en nuestra experiencia terrenal. Algunos de ellos, con influencias y consecuencias francamente negativas hacia nuestro devenir personal, otros construidos a nuestra medida, y con los cuales nos relacionamos de forma natural y sin esfuerzo, pero la mayoría, tenemos que crearlos, que construirlos a través del privilegiado instrumento de la imaginación y el arte.

El paisaje siempre ha sido, desde que existe el arte, una de las principales obsesiones de los artistas de todo tiempo y lugar, vinculado a esta faceta de la exploración del yo y su situación en el mundo, tanto en el mundo posible, como en todos los mundos imposibles, todos ellos tan reales, como la imaginación creativa sea capaz de llegar, y que el ser humano necesita y busca de forma perenne.

El resultado final es la construcción de un proceso educativo, educar es construir paisajes, pero también es juzgarlos, reconstruirlos, observarlos, hacerlos nuestros, proyectarnos y reconocernos en ellos. La educación tiene que propiciar, facilitar, a través de la experiencia vital del arte, entendido como pura experiencia innata en todo ser humano, la construcción de los paisajes que cada ser humano necesita en el desarrollo de su experiencia vital en el mundo y de la búsqueda de su propia identidad.