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By Ricard Ramon

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La aportación de una enseñanza creativa y artística en estado de alerta

Estos días estamos asistiendo a una histórica situación sin precedentes de suspensión global de todos los sistemas educativos presenciales, en todos los niveles. Esto ha supuesto una oportunidad para poner a prueba, dicen algunas mentes preclaras, la educación no presencial, a distancia, virtual, etc. En esta situación de crisis, es cierto que he tomado la decisión de no hablar ni opinar de aquello de lo que no soy especialista, evitando la sobresaturación de expertos epidemiólogos y gestores de lo público de sofá. A ello le podemos sumar los miles de boots pagados por la ultraderecha difundiendo bulos y con el objetivo de destruir el país, cosa que debería investigarse en profundidad, o la inexplicable presencia del ejército y del lenguaje bélico en una crisis de salud, que deviene en una crisis social y económica, ciertamente.

Pero más allá de eso, de lo que sí puedo hablar es de la educación, ya que me gano la vida ejerciendo como docente de futuros docentes en la Universidad. La docencia y su ejercicio están ahora mismo en estado de excepción, de alarma como el resto, y como a muchos otras ramas profesionales se nos ha pedido que teletrabajemos. Todo el cuerpo docente se ha tomado esta premisa muy en serio y ha intentado hacer todo aquello que está en su mano para no dejar a su alumnado desamparado en esta situación tan extraordinaria. Y finalmente se ha puesto a prueba y se ha demostrado, que las tan aclamadas TIC, de las que sin duda soy un defensor, son simplemente lo que muchos hemos defendido siempre. Un complemento a la educación real, que solo puede ser sensible y que para ser sensible requiere del contacto directo entre seres humanos. Entre alumnado y entre profesorado y alumnado.

Una educación a distancia no es educación, es un sustituto paliativo de una pequeñísima parte de lo que supone el hecho y la experiencia educativa, que tiene mucho menos que ver con contenidos que con experiencias. Sin duda esta experiencia que estamos viviendo conjuntamente será muy educativa, pero no lo serán tanto los contenidos que una gran parte del alumnado está trabajando de manera exclusiva en sus casas. Porque cuando desaparece la experiencia del intercambio humano lo que queda no es educación, por mucho que se empeñen en llamarla así. Quedan tareas descontextualizadas, queda la visibilización de la brecha de género, la de la brecha económica, de la brecha sociocultural, pero más allá de ello, queda la inutilidad de muchas tareas, que en la enseñanza obligatoria se diluyen en la marea de lo que realmente es importante y no lo es, para una formación integral, para construir seres humanos libres. La educación a distancia es siempre un sustituto paliativo de la educación real, y no negaré que puede ser provechosa en determinadas circunstancias, por supuesto, dentro de una situación de “normalidad”.

Creo que sería mucho más productivo para todos, y además sería una lección de historia insuperable, que no pretendamos seguir impartiendo los mismos contenidos que teníamos previstos, que en el caso de la enseñanza obligatoria, especialmente primaria y secundaria, deben ser profundamente revisados, más incluso después de esto, como si estuviéramos en el aula, mandando ejercicios y actividades del libro descontextualizas tanto del entorno como de la situación.

Mi propuesta se basa en ofrecer acciones de aprendizaje activa y consciente, asociadas a la verdadera situación que estamos viviendo. Estamos en casa, tengamos la casa, el hogar como base para la propuesta de acciones de aprendizaje. En esto como siempre la educación artística, las artes, juegan un papel vital para su desarrollo. Propuestas de investigación del entorno, del propio hogar, de la família en todos sus modelos. Que esto sirva para aprender sobre lo realmente importante en esta situación. Si el alumnado dificilmente les encuentra sentido a unas cuantas actividades que se plantean muchas veces en el aula, ahora mucho menos.

La idea de trabajar por proyectos donde todos los docentes caminan al unísono en UN SOLO proyecto a desarrollar en casa para todas las materias, no es nada descabellado. Olvidémonos de los contenidos por un tiempo, o mejor incorporemos esos contenidos de forma activa y creativa en acciones particulares que permitan buscar respuestas creativas a la situación que estamos viviendo. Geografía del hogar, historia del hogar, cartografía del hogar, matemática del hogar, literatura del hogar… y por supuesto, todo bajo el tamiz de la creatividad artística como base.

Por ejemplo, un libro de artista como base para ir sumando esas experiencias, sentimientos canalizados positivos y negativos, aprendizajes de como vivir en esa situación, etc. Construir foto-ensayos o foto-collages, que permitan describir con imágenes lo que están viviendo y experimentando en su nueva vida cotidiana, pequeñas video-historias que pueden hacer mientras juegan, juegos cooperativos en línea que les permitan trabajar en equipo y no sentirse tan solos en la tarea, relatos y propuestas imaginativas para el día después… Sí por supuesto ellos pueden hacer y pensar sus pequeñas aportaciones utópicas, o tal vez no tanto, que les permiten hacerse partícipes y protagonistas de la situación y de la solución, que no es algo ajeno a ellos y ellas. Un material que quedaría para la historia vital de cada uno de esos niños y niñas, sería profundamente, más enriquecedor y util que los cientos de multiplicaciones, conjugaciones verbales o láminas de dibujo sin sentido que les podamos mandar, por no hablar de los famosos “fill in the gaps”. Y sí, puede parecer mucho trabajo para un docente saturado y con cargas familiares en esta situación compleja, cierto, pero no debe ser más del que mucho docente se carga con la adaptación de una enseñanza tradicional a estas circunstancias. De hecho, sería un trabajo mucho más flexible y respetuoso hacia el propio docente también.

Hagamos de esto una verdadera oportunidad para aprender algo realmente nuevo. Hay muchas formas para hacerlo y muchos profesionales están trabajando muy bien en ese sentido. Partamos de que nuestra nota mínima tiene que ser un aprobado o un notable incluso, si es que nos obligan a evaluar, ya es suficiente con vivir esta situación. Tengamos el arte y la creatividad como aliados máximos en esta pandemia, ya que necesitamos muchas soluciones creativas, imaginativas y arriesgadas para encontrar alternativas en esta forma de vida que ya hemos extinguido, porque si recuperamos la normalidad anterior volvemos abocados a otro tipo de desastres mucho más destructores si cabe, como la implacable crisis climática.

De esto debemos aprender muchas otras cosas además. Sin duda, entre ellas la importancia de lo público, de lo común. Pero cuidado que ese exceso de lo común no nos lleve a interpretar lo común como lo uniforme. Lo común es lo que garantiza la diversidad, lo diferente que cada ser humano tenemos, pero que no deja de venir del mismo sitio. Del fondo de pensamiento universal que nos define y nos constituye como una sola cosa, en conexión directa con el resto. Defensa por tanto de una enseñanza pública de calidad y de una visión humanista, social, libre y radicalmente democrática.

Pero además, esta crisis nos ha hecho ver que necesitamos pensadores, filósofos, creadores y artistas que nos dibujen el camino de creación de un nuevo mundo que necesitamos, porque sabemos lo que no queremos, pero todavía no tenemos una alternativa construida sobre el mundo que nos gustaría tener, y eso sí es un problema muy grave.

Ricard Ramon. Abril de 2020