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By Ricard Ramon

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La maléfica invasión de los cerrajeros

En nuestra disección analítica y crítica de la cultura visual contemporánea, no podía faltar una imagen, puede que arraigada a la insidiosa posmodernidad estética.

Ciertamente constituye todo un artefacto visual cambiante, casi un organismo vivo y auto regenerador, de no ser tan descreído, podría llegar a pensar que se trata de un nuevo tipo de vida superior y capaz de reproducirse a si misma a una velocidad de vértigo. Se trata de la casi microscópica vida de los seres denominados etiquetas publicitarias adhesivas de los “cerrajeros.”

Es con toda probabilidad, uno de los artefactos visuales más terribles estéticamente, de los que podemos encontrar en el imbricado y complejo universo mediático y visual de los entornos urbanos contemporáneos. Aún así, a menudo nos pasa desapercibido, quizás nos hemos acostumbrado a convivir con estos mensajes insistentes como unos compañeros más de nuestro entorno visual y ciudadano.

Quizás alguien de vosotros ha llamado alguna vez a uno de estos números, yo prefería dormir en un hotel esa noche antes de que alguien que tiene la impunidad y cara dura de agredir estéticamente mi entorno, cobrara por abrirme la puerta. A mí, sinceramente me parece una especie de mafia terrible, y los imagino reventado cerrojos por la noche para tener posibles clientes.

En cualquier caso alguna clase de negocio debe haber detrás medio rentable, de no ser así el esfuerzo y la lucha, casi guerra entre ellos, por dominar el micro espacio en el cual habitan, no valdría la pena. La batalla por el protagonismo micro visual es de un tamaño tan brutal que se convierten en verdaderas imágenes efímeras. Tres horas después de haber hecho esta fotografía, volví a pasar justo por el mismo lugar, y un nuevo “cerrajero” había ya tapado todas las que podéis ver y había monopolizado agresivamente, de nuevo, el micro espacio.

Como que yo nunca he podido ver a ningún ser vivo pegando este despojo visual en su lugar, estoy por pensar definitivamente que se trata de un nuevo tipo de organismo vivo que se reproduce en las paredes, puertas y canales de nuestros pueblos y ciudades. Podría ser que mi hijo pequeño, de dos años, que disfruta arrancándolas, fuese un asesino de animales, eso sí, animales que por el momento parecen no estar en peligro de extinción.

Ricard Ramon. Agosto de 2011.