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By Ricard Ramon

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Reflexiones en torno al libro: Instalaciones, de Josu Larrañaga

El proceso de desarrollo de nuevas formas de arte, que está presente durante toda la segunda mitad del siglo XX, desemboca en el desafío del espacio bidimensional y pictórico iniciado con las experimentaciones de las primeras vanguardias, cubismo, constructivismo y sobre todo dadá, llegando posteriormente a romper con el concepto de escultura tradicional, entendida como objeto tridimensional, con un determinado volumen, masa, etc. En este sentido, la instalación se libera de las ataduras del objeto, de la presencia física de la materia, como causa y origen de la experiencia estética, del arte en definitiva, cuestionando de manera radical y profunda el propio concepto de “aura” atribuido por Walter Benjamin a las obras de arte. El objeto se diluye con respecto a la escultura tradicional en beneficio de la experiencia perceptiva. El espectador, por tanto, no observa la obra, como las viejas esculturas, no permanece pasivo ante el objeto, sino que participa activamente en la experiencia del arte, de hecho, él mismo acaba formando parte de la obra, se convierte también en objeto estético.

Quizá sea ésta, para mí, la parte más esencial y definitoria de lo que es una instalación. De esta manera, al desaparecer el “aura” benjaminiana, el propio objeto, desaparece en realidad el valor de mercado, el sentido decorativo u ornamental muy presente en la escultura de bulto redondo, ya que la instalación no es “algo”, es pura experiencia Sí, es cierto que estas están formadas por objetos con rotunda presencia física, en ocasiones, pero fuera del espacio, fuera del proyecto no tienen ningún valor por ellos mismos, aunque a veces acaben en los círculos mediáticos del mercado del arte y los museos.

Toda la carga del proceso creativo se instala en el momento proyectual, porque la instalación es sobre todo un arte de proyecto, y en este sentido, la propia labor del artista puede incluso empezar y concluir sólo en el propio proyecto, que es materializado en cualquier caso por otros, normalmente profesionales de otras ramas que no hacen más que seguir las indicaciones del proyecto. En la escultura de bulto redondo, la implicación con el desarrollo material de la obra por parte del artista es muy intensa, sirva como ejemplo el modelado en barro.

En otro orden de cosas, la instalación desafía las estructuras y las redes institucionales del arte dominadas por los museos, a los que en ocasiones les cuesta asumir la inmaterialidad de este tipo de arte, que acaba siendo fagocitado sin sentido, tratando de devolverle una parte de ese “aura” como se ha hecho con las obras de Duchamp. Finalmente, la percepción de una instalación frente a una escultura, nos obliga a una mayor predisposición estética y a una liberación de prejuicios, que a veces nos frenan a la hora de interactuar, de gozar y de sentir esa tremenda experiencia estética.
El libro de Josu Larañaga publicado por la editorial Nerea nos abre la puerta a este tipo de reflexiones de una manera clara y brillante, repleta de ejemplos. Muy recomendado para aquellos que aun se resisten a dejarse llevar por la experiencia de una buena instalación afrontada sin prejuicios.

Ricard Ramon. Octubre de 2010